Esbozo para una delimitación de la Minificción
La
minificción, aunque ha sido ampliamente estudiada, es un género del que no
conocemos sus alcances. La minificción es definida por Lauro Zavala como:
“Minificción:
Texto con dominante narrativa cuya extensión es menor a 200 palabras. Existen
tres tipos de minificción: mini-cuento, micro-relato y la minificción
propiamente dicha, muy próxima al poema en prosa por su hibridación genérica.
La primera es clásica, la segunda es moderna y la tercera es posmoderna, es
decir, de manera paradójica, simultáneamente clásica y moderna.”
Para una mejor comprensión,
llamaremos minificción a todos los pequeños géneros. Este trabajo busca saber
cuál es la estructura mínima y máxima de la minificción, más allá del número de
palabras. Dejaremos para un estudio posterior la frontera que separa la
minificción de los otros géneros que no llevan el mini en el nombre.
Estructuralmente, la minificción se
caracteriza por ser un relato que tiene un solo nudo (unidad mínima segmentable
de sentido de historia). El nudo estará localizado en la parte final del texto,
cumpliendo la función que Cortázar llama Knock
out. Podemos confirmar esta suposición analizando el ejemplo canónico de
Monterroso:
“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”
Después de la introducción de la
situación, viene el nudo: el dinosaurio
todavía estaba allí. La estructura se repite en otras minificciones algo
más grandes como Dinosaurio en celo de Ana María Shua:
“En la
obscuridad, un montón de ropa sobre una silla puede parecer, por ejemplo, un
pequeño dinosaurio en celo. Imagínese, entonces, por deducción y analogía, lo
que puede parecer en la oscuridad el pequeño dinosaurio en celo que duerme en
mi habitación.”
El único nudo empieza en el pequeño dinosaurio. Lo que hay que
notar es que el nudo no es lo único característico de la estructura de la
minificción; los elementos contextuales son imprescindibles para la comprensión
de la minificción.
Los contextos elididos de las
minificciones podemos clasificarlos en dos tipos: Las elipsis intradiegéticas y
las elipsis extradiegéticas.
La elipsis intradiegética es la más
común de las dos. Este tipo de elipsis es la que incluye el espacio y el tiempo,
así como elementos de la historia. Los dos ejemplos anteriores, de Monterroso y
Shua, tienen este tipo de elipsis.
En El dinosaurio, podemos intuir que el personaje (elidido), estaba
dormido, y que en el sueño (elidido) el dinosaurio ya estaba presente. En Dinosaurio en celo el narrador es un
personaje, pero esa información estaba elidida, y la “mascota” del narrador
también está elidida hasta el final, donde aparece como un elemento
transgresor. Otro ejemplo de este tipo de elipsis es Sueño No. 240 “Disparos” de Ana María Shua:
“Los hombres
salen del saloon y se enfrentan en la calle polvorienta, bajo el sol pesado, sus manos
muy cerca de las pistoleras. En el
velocísimo instante de las armas, la cámara retrocede para mostrar el equipo de
filmación, pero ya es tarde: uno de los disparos ha alcanzado a un espectador
que muere silencioso en su butaca.”
Aquí la elipsis es el espacio donde
se desarrolla la acción. Al principio parece que el relato narra una historia
del oeste, pero en el nudo descubrimos
que los acontecimientos suceden en un cine.
La elipsis extradiegética sucede en
las minificciones que completan o modifican otras historias, que sólo son
comprensibles a través de un hecho histórico, o que tienen una estructura
diferente a la de un relato (una especie de doppelgänger
genérico). Podemos ver un ejemplo de historia modificada o completada en el dinosaurio de Pablo Urbanyi:
“Cuando despertó, suspiró aliviado: el dinosaurio ya
no estaba allí”
Urbanyi hace una referencia
explícita al cuento de Monterroso, y de alguna manera modifica la historia. Sin
conocer la minificción de Monterroso, no hay minificción en Urbanyi. Lo mismo
se puede decir de La culta dama de
José de la Colina, pero en esta minificción se agrega la elipsis de un episodio
histórico de México:
“Le pregunté
a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado El dinosaurio.
-Ah, es una
delicia –me respondió-, ya estoy leyéndolo.”
Sin comentarios. Es cosa de
extranjeros no conocer este capítulo de la historia nacional (afortunadamente
para el orgullo del país). La elipsis extradiegética de estructura toma la
forma de un texto científico o periodístico, en general, de un texto de tono
serio (puede ser el de un género literario también, como una novela policiaca)
y parte de ahí:
“Roman
Kaceb, rebautizado Romain Gary (alias Émile Ajar) nació en Lituania y no en
Moscú como pretendía; fue hijo de Arie-Leib y de Mina. Su padre, comerciante de
pieles, los abandonó en 1925 y murió de miedo en 1943 antes de entrar en la
cámara de gas de Auschwitz. Su madre, actriz fallida, protagonista de una de
sus más importantes novelas, La promesa
del alba, emigró con él a Francia y falleció de un cáncer al hígado en
1941. Gary se suicidó en 1980, después de la muerte de su mujer, la actriz
estadounidense Jean Seberg.
Algunos
críticos lo consideraban un terrorista del humor, antes de que este término
tuviese las resonancias macabras que ahora lo intensifican. Inscribo sólo un
ejemplo:
La
diferencia entre los alemanes, dice, herederos de una inmensa cultura, y los simbas, gente inculta, era que estos se comían a sus
víctimas, mientras que ellos los transformaban en jabón.
Esta
necesidad de limpieza define a las culturas.”
El texto parece, en un primer
momento, una biografía de Kaceb por la estructura que tiene. Lo que está
ocultando a medias, en este caso, es que se trata de una minificción, siendo el
único guiño de esto el título: Detergentes.
En este ejemplo de Margo Glantz nos podemos percatar de otra cosa, los textos
con elipsis extradiegética, comúnmente tienen también elipsis intradiegética. A Circe de julio Torri es un ejemplo de
la unión de ambas elipsis:
“¡Circe,
diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Más no me hice amarrar al
mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme.
En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de
violetas errante por las aguas.
¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.”
¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.”
La primera elipsis en esta
minificción, es la historia de Ulises, y después se eliden los elementos intradiegéticos.
Si el lector no descifra la elipsis principal, no se puede descifrar la elipsis
complementaria.
Entonces, con este último caso,
tenemos tres tipos de minificciones. Las minificciones de elipsis
intradiegética (el dinosaurio de
Monterroso), las minificciones de elipsis extradiegética (el dinosaurio de Urbanyi) y las minificciones de elipsis doble (La culta dama de José de la Colina).
El poner atención a la elipsis como
elemento constitutivo de la minificción también ayudaría a hacer una delimitación
genérica posterior, que bien le hace falta a este género tan común en nuestros
días pero a la vez tan antiguo, como decía Ana María Shua:
“Cuando desperté a la lectura, la minificción ya
estaba ahí.”
Luis Roberto Cedeño Pérez.
Omar Rueda Olmos.
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