Amplificador de emociones
Amplificador de emociones
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El camino siempre parece más largo de lo que
es…al menos así es, desde Nicolás Romero hasta Ixtapaluca y más si se recorre
en transporte público.
Mi
“Odisea” inicia al llegar a la parada del camión de la Primaria de Progreso
Industrial, como mencioné, en Nicolás Romero; el camión que espero debe traer
el letrero que diga Poli (metro Politécnico), el pasaje
costaba en aquellos tiempos nueve pesos, por los cuales tenías derecho a un
asiento en un autobús Mercedes-Benz de modelo reciente (de esos que no tienen
cofre al frente) el que por lo regular era bastante cómodo durante la primer
hora del recorrido, pasado ese lapso, parecía que traías lombrices en los
calzones (así decía mi abuela).
El
paso del camión es por lo regular decente, unos 60 km/hora, pero gracias a la
poca educación vial que tenemos por estos lares, va haciendo paradas casi cada
200 metros, llegando en ocasiones a ser desesperante.
Durante
su andar podemos vislumbrar los pequeños (¡bueno!, en apariencia) pueblos que
componen este municipio como lo son San Pedro, San Ildefonso, Colmena, Barrón y
el Puerto; también cruzamos Atizapán de Zaragoza de cabo a rabo, Tlalnepantla
(por todo Mario Colín) hasta llegar a Vallejo y esa frontera invisible -pero
frontera al fin y al cabo- con la Ciudad de México. Todo este trayecto toma un tiempo de
aproximadamente 90 a 120 minutos, dependiendo del tránsito o de la velocidad a
la que vaya el chofer.
Llegando
al paradero del metro Politécnico hay que caminar para poder acceder a las
taquillas y andenes aproximadamente unos 500 metros entre los paraderos de las
diferentes rutas de transporte, de los puestos de los ambulantes y de un mar de
gente que ocupa esta línea a todas horas.
Habiendo
pasado con éxito los torniquetes y estando en el anden del metro, hay que
esperar unos 5 a 10 minutos a que se digne el maquinista a llegar hasta
nosotros; habiendo llegado, hay que luchar por obtener un lugar (mi asiento
preferido siempre ha sido en el que vas solito) y si corriste con suerte, que
frente a ti se siente una chica linda a la que por los lentes oscuros solamente
tú sabes que la vas observando (¡depravado!, jajajaja).
Nuestro
destino decíamos que es Ixtapaluca, estamos en el metro Poli y para seguir
avanzando hasta nuestra meta hay que llegar hasta Pantitlán, es decir, ¡toda la
línea amarilla del metro!
Gracias
a que esta línea transporta mucha gente (no tanta como la azul, pero si se dan
un buen cerrón) el andar de estos gusanos naranjas es más o menos respetable,
aunque en sábado o domingo es desesperante circular por aquí; si este trayecto
lo hiciera en coche sería un total martirio ya que todas las vialidades de ese
lado de la ciudad están saturadas a casi todas horas.
Habiendo
llegado a la bendita estación de Pantitlán, 40 minutos después de haberse
subido al carrito naranja, con un dolor de nalgas algo incomodo por ir sentado
tanto tiempo y ya con al menos dos horas de camino a cuestas, hay que
transbordar hacia la línea morada que va de Pantitlán a La Paz. Hacer este transborde no es lo más cómodo
del mundo; sales del vagón, bajas unas escaleras como de 30 escalones, giras a
la derecha y llegas a un paseíllo en donde por sentido caben sólo dos personas;
subes unas escaleras enormes (bueno, para alguien con tan nula condición física
como yo, lo son) con dos descansos, nuevamente giras, ahora hacia la izquierda
y llegas a un andador que te lleva hacia el transborde para Observatorio,
Tacubaya o La Paz; el de la Paz es del primero en mostrarse y es el del lado
derecho; bajas las escalerillas, das vuelta en “U” hacia la izquierda y entras
a la sala de taquillas de la estación; sí, como lo sospecharon, este entronque
no es gratis, hay que depositar otro boletito en los torniquetes para acceder a
los andenes.
En
este punto del viaje, al intentar abordar el tren hay que ser un kamikaze,
¿porqué?, como no salen tan seguido, hay que hacer una espera de
aproximadamente 15 minutos entre un tren y otro; cuando llegan los vagones el
anden está lleno y para ingresar hay que hacerlo por la fuerza; si te va bien,
te toca parado en una de las esquinas en donde te puedes recargar cómodamente.
Bajo
del vagón del tren sin problemas, ¡bueno!, eso quisiera, llevo dos horas de
retraso por no haber calculado bien el tiempo de mi viaje, en la taquilla me
espera Luis, quien es mi anfitrión y quien me ha estado llamando al celular
cada media hora desde que se cumplió el plazo establecido para mi llegada.
Subo
a la taquilla todo madreado por el viajecito; Luis esta tirado con otros tres
güeyes junto a la taquilla y debo decir, tienen cara de pocos amigos, en
especial uno, moreno, como de un metro con sesenta centímetros y chino; va
vestido a la usanza chola, pantalones a la cadera dejando ver los bóxers muy
amplios de las piernas, camisa a cuadros de manga corta, abrochada hasta el
cuello, tenis vans de patineto y calcetas blancas, neta, el güey me despierta
cierta desconfianza.
-
Que tranzita, ¿cómo andamos?
-
Chido, chido, perdona la tardanza, no calcule
chido el tiempo que me iba a hacer en venir hasta acá, está bien colgado,
-
simón, simón, mira, el es el Javier…
-
“Chino” güey, Chino.
-
bueno, el Chino, y el es el “Ziker”; Chino es
el guitarrista y Ziker el batako.
-
Vientos, viento, un gustazo.
-
bueno vámonos que todavía nos falta un tramo
chido pa’ llegar a la casa.
-
oras, pos tu dices pa onde.
Son
las 4 de la tarde, estoy trepado en una combi atascada de gente que no conozco,
en un lugar en el que nunca había estado, con doscientos pesos en mi bolsa y
con rumbo a lo que quiero que sea mi destino.
-
-Donde ensayamos es un cuarto chiquito, ahí
tenemos el equipo, la batería y haber si ya llegó el “Henru”, tenía que
chambear, por eso no vino con nosotros, pero me dijo que llegaba a la casa.
-
-Ojala que ya haya llegado, para platicar
todos y ponernos de acuerdo chido…
Los
silencios que se producen en una conversación son muy incómodos, mucho más
cuando vas en una combi y toda la gente puede escuchar lo que estás diciéndole
al otro, o no, quien sabe, parece que cada quien va muy metido en su pedo.
-
en la casa de materiales por favor.
-
¿Cuánto es del pasaje?
-
5 varos.
-
¡Ten!
CONTINUARA... (Sorent)
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